lunes, 1 de septiembre de 2008

Apoyo a Ernesto Cardenal

Vía Fundación José Saramago:

Ernesto Cardenal

El poeta nicaragüense Ernesto Cardenal está siendo acosado por el gobierno de su país. Los poetas, como los profetas, siempre han sido sospechosos para el poder, cualquier poder, de ahí que nunca, históricamente, hayan tenido vidas fáciles. El escritor Sergio Ramírez, que en el pasado fue vicepresidente de Nicaragua con Daniel Ortega, ha asumido la defensa de Ernesto Cardenal frente al que un día fuera su compañero sandinista Daniel Ortega. A continuación podrán leer un texto de Sergio Ramírez, la respuesta inmediata y solidaria de José Saramago, y el manifiesto que circula en el mundo de la cultura y que está siendo firmado por escritores e intelectuales de todo el mundo y la defensa que de sí mismo hace Ernesto Cardenal.

Envía tu apoyo a: apoyocardenal@josesaramago.org


Leer los manifiestos

Han mostrado públicamente su solidaridad

1 comentario:

Fisgón dijo...

Leo en un blog lo siguiente (por cierto, muy acertado):

"Cuando en marzo de 2003 la tiranía castrista impuso largas penas de cárcel a 75 disidentes –entre ellos, periodistas y poetas– y fusiló a tres muchachos muertos de hambre que secuestraron una embarcación para escapar de la inopia, el cura poeta Ernesto Cardenal bendijo semejante infamia llamando mercenarios a los encarcelados y negándose a condenar los fusilamientos. De éstos se desentendió con cinismo glacial: se limitó a decir que en Estados Unidos se aplicaba la pena de muerte con más frecuencia que en Cuba. Entonces ya no dudé más de que la devoción del padre Ernesto por los Castro volaba muy por encima, como un zopilote, de su vocación cristiana. Ahora el ya octogenario peregrino de Solentiname –boina, cotona y sectarismo hasta la sepultura– es víctima de Daniel Ortega, esa carroña, también castrófila, de la que fue socio y ministro en el primer gobierno sandinista. Pues bien, padre Ernesto, visto lo visto, me inunda la sospecha de que usted, por contumaz y relapso, está purgando sus pecados. Pídale al solvente comunista Saramago, que tan fervorosamente lo ensalza, que tire de la chequera y le pague la multa que le ha asestado el juececillo orteguista, y ruéguele a Dios que archive, que olvide, que borre ese desliz suyo –trampa, sin duda, del Maligno– de andar en complicidades con los carceleros y matarifes que tiranizan a los cubanos desde hace medio siglo. No flaquee, padre, no arrumbe la fe, no la ponga del salón en un ángulo oscuro: eleve, cual fumarola, torrentes de cálidas rogativas al Altísimo y, sobre todo, no deje de recurrir al munificente lusitano. Recuerde que la fe hace prodigios".