viernes, 5 de diciembre de 2008

El modelo de Guadalajara y las Ferias del Libro en España

Leemos hoy en El País:

ANÁLISIS: EL ACENTO

La fiesta de Guadalajara

Noventa mil personas al día se dan cita en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en México, que ahora está cerrando la edición con la que marca sus 22 años de existencia. El mérito no es juntarse, el mérito es participar. Esa gente, jóvenes en su mayoría, universitarios o estudiantes de bachillerato, paga una entrada, se reúne para oír a escritores, y no a artistas de cine o a cantantes de rock (aunque también los haya: el rockero Fher, líder de Maná, dialogó con el filósofo Savater, y el líder de los Tigres del Norte lo hizo con Pérez-Reverte); y no sólo los oyen sino que los escuchan, los interpelan, los abordan, y no tan sólo para pedirles autógrafos, lo que también se hace masivamente. La gente ha visto ahora, fuera de México y de América Latina, imágenes de esa concentración inmensa de gente con intelectuales, poetas y narradores, y se pregunta cómo es posible.

Eso no sucede sólo en la feria de Guadalajara, la más importante en su género en el mundo, después de la de Francfort; pasa también en Colombia, en Argentina..., allí donde hay una tradición de lectura, los ciudadanos se sienten más interesados, más curiosos, y aunque tengan que pagar (en Guadalajara, euro y medio al cambio) acuden en masa a fundirse en un proyecto cuyo resultado es al menos insólito.

Proyectándolo hacia el caso español, donde las ferias del libro tienden a languidecer en provincias y despiertan en Madrid, y con grandes sacrificios, lo de Guadalajara excita una enorme envidia, sana por lo demás. ¿Cómo es posible que el Gobierno español, que tan interesado dice estar en la difusión de la lectura, no anima al sector a hacer del Liber y de la Feria del Libro de Madrid, entre otras, la gran fiesta de los lectores y de los autores? ¿Por qué no se apuesta por ellas?

Se nos llena la boca aquí con el número de visitantes a la feria de Madrid, que se hace con muy buena voluntad, pero que no cuenta, aún, con los medios que conviertan sus debates y sus encuentros en acontecimientos de calado verdaderamente popular y apetecible. Los gestores culturales españoles deben aprender de Guadalajara; la excursión les resultaría barata si aplican aquí lo que allí se enseña.

Tan sólo añadir un matiz a la frase "Proyectándolo hacia el caso español, donde las ferias del libro tienden a languidecer en provincias y despiertan en Madrid, y con grandes sacrificios": hay casos de ferias del libro que luchan por dignificarse como evento, en salir del concepto de mercadillo que de ellas se tiene. Son algunas.

En el caso de la Feria del Libro de Sevilla hemos conseguido elevarla hasta convertirla en una feria de importancia nacional, de importancia para el sector del libro, y comienza a pensarse a sí misma con proyección internacional. Para ello, como algo esencial, se adapta a las nuevas formas de comunicación (internet, redes sociales, etc.... véase http://ferialibrosevilla.blogspot.com y http://www.facebook.com/home.php?#/group.php?gid=90802010220). Sin duda las ferias del libro tienen enormes posibilidades, y lo que está fallando en la mayoría de casos es el modelo a seguir (que no en todo caso ha de ser calcado), y la forma de comunicarla. En muchos lugares se confunde una feria con un festival literario que cubre las expectativas de promoción de, justamente, sus promotores: he aquí el error más frecuente.

Cabría preguntarse también si todos los medios de comunicación prestan la suficiente atención lo que ocurre, como el artículo dice, en provincias. Pero no busquemos la responsabilidad en el mensajero, ni tampoco sólo en los gobiernos; cabría preguntarse si las asociaciones profesionales de libreros, editores, distribuidores y escritores tienen claros los conceptos y modelos para este asunto, y si como muestra de la importancia que pudieran concederle, incluyen este debate en su congresos, jornadas y estudios.

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