martes, 2 de diciembre de 2008

Las sevillas

Muy interesante este artículo del que me permito destacar su frase final: Para esta tarea se necesitarán colectivos, asociaciones de vecinos y redes sociales musculadas, libres, que no se dejen manipular por los partidos. Entonces veríamos quién manda en la ciudad.

Las sevillas
Antonio Hernández Rodicio
(publicado en El Correo de Andalucía)

En esta muy cainita ciudad de Sevilla a nadie le sorprenderá que haya quien celebre el socavón que las obras del Metro han dejado en Puerta Jerez. Son los mismos de siempre, unos clásicos redivivos a los que se han sumado unos clones de nueva generación. Expertos en errar en sus vaticinios, ya dedicaron espacio, tiempo y esfuerzo a aventurar que el metrocentro dejaría algunos muertos sobre las aceras. Que la peatonalización le colgaría el cartel de ‘cerrado’ al casco histórico, que en la Cartuja sólo habría jaramagos y el carril-bici, ese “estúpido invento social-comunista” sería un fracaso de tomo y lomo. Como es fácil comprobar, fallan más que los economistas: no permiten que los hechos les tumbe una mala noticia. Son jaleadores profesionales de cada contratiempo, felices cooperadores necesarios de un estado de opinión en la ciudad que no se corresponde con la realidad. Una realidad que dista tanto de ser perfecta como de la falsa hecatombe que proclaman. Ahora están frotándose las manos ante un posible anuncio de nuevo retraso en la apertura del Metro. Ya tienen su escandalillo de noviembre. Ese ventajismo filibustero ante cualquier proyecto o a la vista de un problema no es nueva. Es la pulsión del cuanto peor, mejor, que lleva décadas derramándose sobre la ciudad, último eslabón de la cadena del interés de los vigilantes de su propia cartera. Es palpable que si bien ese discurso hace cierto ruido, cada vez tiene menos fuerza para mover el molino. Afecta a los políticos, pero a la inmensa mayoría de los ciudadanos le trae al pairo lo que digan, vociferen o escriban. Quizás porque los dicterios de este nuevo despotismo ilustrado lleva más a gala que nunca el “todo para el pueblo pero sin el pueblo”.

La gran reflexión que está por hacer de un modo ordenado y científico tiene que ver con el concepto que tenemos de Sevilla, tan acostumbrados como estamos a la sinécdoque de confundir la parte por el todo. Es tan poderosa la imagen de marca que ofrece el frente monumental de la ciudad, tan persistente la huella histórica y tan visibles sus atractivos, que corremos el riesgo de pensar que Sevilla es sólo su entorno monumental, el centro de la ciudad, los espacios comerciales y las zonas más prósperas. Se piensa que las fuerzas vivas que habitan es ese ámbito son las determinantes, las que están en el derecho de decidir y dirigir, de vetar y opinar.El resto de la ciudad no importa. Huérfana, muda, ajena y tonta.

Y sin embargo, la inmensa porción de ciudad que queda fuera de ese espacio imaginario de influencia es la que más debería pintar. La más numerosa, la que mejor define sociológicamente a Sevilla y también la que más necesita de la atención y la inversión pública. La Sevilla de los barrios no puede ser el patio trasero de la ciudad aunque haya quien se empeñe. Los responsables políticos deberían reflexionar sobre esto. Porque con su aceptación de las reglas del juego actual contribuyen a perpetuar el cliché. Es de sobra conocido lo que cabe esperar de la histeria mediática de guardia, muchas veces más desproporcionada que la propia oposición política: ruina, ruina y ruina.

Pero el mundo está inmerso en cambios espídicos y relevantes. Los expertos llevan años pensando cómo serán las ciudades del futuro -y eso incluye intuir cómo se informarán los ciudadanos- y hay conclusiones claras. Citamos a William Mitchell, el ex decano de Arquitectura del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), prestigioso experto en la planificación de ciudades, quien, por cierto, estuvo el pasado año en Sevilla en un seminario sobre cultura digital: “La base de la ciudad del futuro será la inteligencia. Las ciudades preindustriales eran esqueleto y piel, techos y paredes, diseñadas casi en exclusiva para protegernos de las inclemencias del tiempo. Las ciudades industriales construyeron sistemas para la canalización del agua y de la energía. Pero las del siglo XXI serán organismos vivos, dotados de inteligencia propia. Y su sistema nervioso será internet”.

El Ayuntamiento tiene hoy una oportunidad que va más allá de los necesarios planes de inversión en los barrios. Tiene tajo por delante si quiere trabajar para sacar a las barriadas de su atraso histórico y lograr que cuenten en el discurso de la ciudad parque no haya dos sevillas. Por ejemplo, primándolas con la instalación de zonas wifi. Anticipando el futuro con las inversiones que se practican, dotándolas de las infraestructuras de futuro. La tecnología digital va a ofrecer oportunidades para cohesionarlas. Un gobierno municipal progresista está obligado a concederles ventajas competitivas adicionales. Sería una bonita redención de las zonas deprimidas, porque a las zonas prósperas la tecnología llegará sola. Seguro que si el “sistema nervioso” del futuro llega a la vez a toda Sevilla el concepto de ciudad cambiará. Será como globalizar-universalizar la capacidad de influencia y de decidir de todos los sevillanos. Nos sorprenderíamos si supiésemos qué se opina en muchos barrios de Sevilla del discurso que impera en la ciudad. Para esta tarea se necesitarán colectivos, asociaciones de vecinos y redes sociales musculadas, libres, que no se dejen manipular por los partidos. Entonces veríamos quién manda en la ciudad. Y quién se iba a reír de quién.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sinceramente, creo que el director de un periódico absolutamente manipulado por el partido que gobierna, no tiene ninguna legitimidad para criticar que se critique. Que en plena democracia un periodista censure algo tan necesario como el espíritu crítico de los medios y la ciudadanía, reduciéndolo de manera cínica a simple estrategia de la oposción, es algo inadmisible. sólo es un periodista de cámara, sus comentarios y "sesudas" reflexiones no tienen ningún valor.
Un saludo
Antonia Ruiz Montero
antoniaruizmontero"yahoo.es