miércoles, 22 de julio de 2009

Cierre de librería Luque y crisis del sector

Una librería más que cierra sus puertas. En esta ocasión el anuncio lo realizó la Librería Luque, de Córdoba. No es la primera, no será la última. Lo peor es que estamos dando por hecho que es el signo de los tiempos, que no tiene solución ni arreglo este continuo anuncio de cierres de librería. Sería urgente elaborar un plan de apoyo (de choque) hacia las librerías que protejan esa red de librerías independientes y de calidad que existe en nuestro país, y que está en grave riesgo.
Las administraciones públicas tendrían mucho que decir y hacer en este tema. Las librerías no serán bancos, pobres de estos, pero también merecen apoyo. Por otro lado, las editoriales, especialmente las independiente y las de mayor calidad, aquellas que precisan de la labor de recomendación y criterio del librero, deberían reaccionar. Les va mucho en ello.De los distribuidores ni hablo.
En relación a este asunto, leemos en El Día de Córdoba:

La crisis de los libros

Jesús Cabrera | Actualizado 20.07.2009
EL anuncio del cierre de la librería Luque es una de las peores noticias culturales ocurrida en la ciudad en los últimos tiempos. Generaciones de cordobeses se han formado con los libros de este establecimiento que nació en Diego de León, pasó a Gondomar, donde adquirió la supremacía; se mudó en la misma calle cuando en Cruz Conde tenía una aventajada colaboradora. Cerró en silencio el segundo local de Gondomar y el de Cruz Conde anuncia que echará la persiana en un futuro indeterminado. Esta noticia coincide en el tiempo con el estudio que revela que la compra de libros ha descendido en España siete puntos en el último año. Parecía que este sector iba a quedar indemne de la crisis, como señalaban los datos en un primer momento, pero finalmente también le ha hincado el diente. Una pena. Sin establecer una relación de causa efecto entre ambos hechos, la sensación que dejará la Luque será de nostalgia y de orfandad, porque una librería es lo más parecido a una farmacia de toda la vida, donde el cliente tiene plena confianza en quien está detrás del mostrador tanto para tomarse la pastilla que le recomienda como para leer el libro que le sugiere. A partir de ahora esto será más difícil. Las grandes superficies, por mucha oferta que ofrezcan, nunca podrán cubrir el papel del librero de toda la vida, del hombre culto conocedor de sus clientes, de sus gustos y aficiones. A partir de ahora ya no habrá mostradores en los que charlar; sólo estarán las cajas registradoras.

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